Yuki Onna, la mujer de las nieves

Yuki Onna

Yuki Onna

El invierno es una estación que a muchos les parece sumamente hermosa, que llena las calles de un manto blanco, y si bien suele ser un poco molesto por el frío, la ropa de invierno, junto con la calefacción no permiten que pase a mayores. Pero, ¿y cuándo no teníamos estas cosas? Yuki Onna viene de tiempos antiguos, dónde la noche y el frío eran la peor pesadilla de las personas.

Aquella época, en que era tan común que las personas no volvieran de una caza, o una recolecta, que sentían la necesidad de rezar a sus respectivos dioses, y hacerles ofrendas, para que así volvieran a salvo, no era nada bonita.

En el intento de darle un sentido, y poder culpar a algo o alguien externo, cada cultura fue creando sus respectivas leyendas, sobre seres malvados, que secuestraban o congelaban a las personas en esta estación. De allí, nace Yuki Onna, la mujer de las nieves.

Se dice, que este ser tenía la apariencia de una hermosa mujer, de piel y kimono blancos como la nieve, el cabello y ojos negros como la noche, y una mirada aterradora. Muchas leyendas circulan a su alrededor, sobre cómo seducía hombres para luego matarlos del frío, o sobre la forma en que hacía a los viajeros perderse, para hacerlos morir de hipotermia.

Pero sin duda alguna, la leyenda más famosa de la Yuki Onna, es sobre su encuentro con Minokichi.

 

La leyenda de Yuki Onna y Minokichi

Minokichi era un joven leñador que solía adentrarse en las montañas junto a su vecino, para recolectar suficiente leña que mantuviera sus casas calientes en invierno. Cada día debían salir nuevamente, debido a que el frío de aquel año era más intenso de lo normal, por lo que sin importar cuánta leña llevasen, no parecía suficiente.

Un día en particular, cuando intentaron regresar a la aldea, se dieron cuenta de que el camino estaba completamente cubierto de nieve, así que no tuvieron más opción que ir por otra ruta, buscando ayuda de alguien, o algún tipo de refugio.

Por suerte, lograron encontrar una cabaña dentro del bosque, justo cuando estaban a punto de quedarse sin luz. Aliviados, encendieron la chimenea y se durmieron rápidamente, con la idea de irse a primera hora del día. Pero, mientras ellos dormían plácidamente, a mitad de la noche se abrió la puerta de golpe, con una fuerte corriente de aire helado, que apagó la chimenea.

Minokichi se despertó inmediatamente, corriendo hacia la puerta, para cerrarla. Creyendo que ya había pasado lo peor, se volteó hacia su vecino, para verificar que estuviera bien, pero lo que vio, lo sorprendió y asustó.

Sobre él, se encontraba una hermosa mujer de piel blanca y cabello negro. Al principio, quedó deslumbrado con su belleza, pero este hechizo fue roto en el momento en que vio sus ojos, fríos y aterradores. Como si eso fuera poco, ella, al verlo, abrió sus labios, revelando que no poseía ningún diente, o lengua, en su interior, solo existía la oscuridad de un abismo.

Era Yuki Onna, quien con un soplido, congeló al vecino de Minokichi, matándolo. Minokichi comenzó a rezar, suplicando que aquella mujer, no fuera realmente un demonio, que se apiadara de él, y lo dejara libre. Para bien o mal, sus súplicas fueron escuchadas.

Yuki Onna le habló entonces, con la voz más dulce y hermosa que él hubiera escuchado en su vida. Diciéndole, que le perdonaría la vida, pues al verlo tan joven y guapo, terminó sintiendo pena por él. 

Pero, esto no terminó así de fácil, pues Yuki Onna le puso una condición, para que pudiera dejarlo vivir. Él debía prometer, que jamás le contaría a nadie sobre aquel encuentro, y lo que sucedió, si no cumplía, ella lo buscaría nuevamente, para matarlo de la misma forma.

Cuando terminó de hablar, ella se retiró de la cabaña, llevándose a la tormenta consigo. Minokichi seguía consternado, no podía salir del sentimiento de terror que lo había llenado al verla, pero sabía que debía cumplir con su promesa.

Los días pasaron, y Minokichi volvió a su rutina de ir al bosque a buscar leña, sin más incidentes. Hasta que un día, mientras regresaba del trabajo, se encontró en el pueblo a una mujer muy hermosa, que acababa de llegar, y buscaba trabajo.

Él le ofreció quedarse en su casa ese día, mientras conseguía trabajo, a lo que ella aceptó. Con el paso de los días Minokichi y Oyuki (como se hacía llamar), se fueron enamorando cada vez más, así que decidieron casarse.

Tiempo después, ya con tres hijos, y un matrimonio feliz, Minokichi era la envidia de todos los hombres del pueblo, que veían con anhelo a su hermosa esposa, que además, era una ejemplar madre, y esposa devota. Claro que, no todo parecía estar del todo bien, por alguna razón que Minokichi desconocía, Oyuki no envejecía, sin importar cuantos años pasaran.

Esto no era un gran problema, pues Minokichi no salía prestarle atención a estar cosas, y solo se centraba en hacer feliz a su esposa.

Un día, mientras Oyuki se encontraba cosiendo unos kimonos, Minokichi se volteó a verla por un momento, y se dio cuenta, que entre la poca luz de las velas, ella se parecía mucho a esa mujer que vio tiempo atrás, y que él ya creía un mal sueño.

Su esposa notó el cambio repentino, por lo cual le preguntó qué le ocurría, a lo que Minokichi, como buen esposo, fue incapaz de mentirle. Él le contó todo lo sucedido esa noche, y su parecido con esa mujer. 

Oyuki se quedó en silencio, escuchando pacientemente, hasta que al fin terminó su relato, y fue entonces que, entre una miraba llena de pena, ella aceptó ser la misma mujer. También, le recordó su promesa, y le recriminó el haberla roto. 

Ella debía matarlo, tal y como le había amenazado, sin embargo, fue incapaz de asesinar a su propio esposo, que la había tratado tan bien durante todos esos años. Por ello, le dio una última oportunidad de vivir, diciéndole, que si le cuenta a alguien más lo sucedido, ella realmente lo matará, y que si sus hijos llegan a pasarlo mal, de igual manera, lo asesinará.

Con esto dicho, Ella Yuki Onna desapareció, y nunca más fue vista por aquel leñador, o sus propios hijos. Desde entonces, Minokichi se lamenta, por haber roto su promesa, y perder con ello, al amor de su vida.

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