Mansión Himuro y Oiran Buchi, turismo en zona paranormal

Zonas paranormales

Mansión Himuro y Oiran Buchi

En Japón abundan las leyendas de todo tipo, desde aquellas que narran la vida y muerte de los “Kami” (dioses japoneses), hasta las absurdas e increíbles historias de los Yokai (espíritus japoneses). En esta ocasión, “La mansión Himuro” y “Oiran Buchi”, no son solo leyendas, sino relatos de lugares que, hoy en día, se consideran turísticos. 

Si bien la gran mayoría de los turistas prefieren quedarse en los puntos más relevantes, hermosos y culturales, siempre hay alguno que prefiere salirse del camino, y buscar experiencias “de mayor nivel”. Este es el caso de los turistas que se centran en las zonas consideradas paranormales, en la espera de encontrarse con algún espíritu rondando por ahí. 

Pero, ¿cómo saber qué sitios son verdaderamente paranormales, y cuáles son una estafa? En el caso de Japón, estos actos paranormales no suelen ser de casas embrujadas hace un par de décadas, sino de historias de cientos, o miles de años, que hasta el día de hoy hacen un eco real en la mente de quienes lo visitan.

Entre todos los puntos por el estilo, hay dos que sin duda alguna resaltan, dejando de lado, claro, al famoso “Bosque de los suicidios” Aokigahara, del cual ya hablamos en este post.

Mansión Himuro y Oiran Buchi

Oiran Buchi

Considerado el puente más terrorífico de Japón, el Oiran Buchi es conocido por ser “El barranco de las prostitutas”, sitio en el que ocurrió el terrible asesinato de 50 mujeres. 

Se cuenta que, hace muchos años, la familia Takeda, dueña de uno de los mejores burdeles de la época, gozaron de muy buena fortuna por gran parte de sus vidas gracias a su negocio. Por desgracia, por algunos problemas financieros, relacionados, según se dice, a las apuestas, en el transcurso de un año lo perdieron todo. 

Aún había uno que otro cliente, claro, pero era imposible para ellos llevar el estilo de vida al que tanto se habían acostumbrado. Es así como comenzaron a buscar desesperadamente otras fuentes de ingreso, pero todo iba de mal en peor. 

Justo cuando parecía que ya no había esperanza alguna, los dueños del burdel se dieron cuenta de que en su tierra había un yacimiento de oro. Al oír la noticia, tanto los dueños como las empleadas estaban muy felices por ello, puesto que pensaban que todos sus problemas se solucionarían.

Pero, el mayor problema surgió cuando el dueño se dio cuenta de que debía proteger sus tierras, sin olvidar que, si alguien se enteraba antes de que comenzaran a minar el oro, podrían quitarle las tierras por las deudas. Con esto en mente, no le tomó mucho tiempo dejar sus últimos rastros de moralidad, y acabar con todos aquellos que conocían su secreto.

Al día siguiente, completamente decidido, el dueño invitó a todas las empleadas del burdel a una fiesta, en Oiran Buchi, sobre el puente. Todo esto, con la promesa de que en la noche, desde allí, había una vista increíble, que nadie podía perderse. 

Una vez que las 50 chicas subieron al puente, la familia del dueño cortó cada extremo del puente, haciendo que todas cayeran, y murieran, de inmediato. 

Se dice que, hasta el día de hoy, se pueden escuchar sus gritos y lamentos. 

 

La mansión Himuro

La mansión Himuro nos trae una leyenda distinta, pero que, aunque no nos guste recordarlo, habla de un suceso que ocurría con demasiada frecuencia en Japón. 

Se trata de los antiguos rituales para apaciguar a los dioses, y a los demonios, los cuales, parecían tener cierto gusto por la sangre. 

Esta leyenda habla sobre la familia Himuro, que era dueña de las tierras en aquel entonces. Dentro de su mansión, existía un supuesto portal, por el cual el karma se concentraba, hasta traer consigo grandes catástrofes.

Para sellar este mal karma, ellos hacían uso de un antiguo ritual llamado “Ritual de estrangulamiento”. Este dictaba que el líder de la familia debía escoger a una niña de su propia sangre, desde su nacimiento, y criarla sin ningún tipo de intervención externa.

Es decir, la niña debía crecer encerrada, sin saber de nada, ni nadie, durante toda su vida. En esta solitaria vida, tan solo se le daba lo suficiente como para comer, en una habitación oscura y pequeña, que nadie debía abrir. Luego, al cumplirse 50 años desde el anterior ritual, tomaban a esta mujer, y la ataban por sus brazos y piernas, así como de su cabeza, para posteriormente separar su cabeza de su cuerpo atando los extremos a dos caballos que van en dirección opuesta.

Un acto terrible que era repetido sin falta, hasta que, uno de los trabajadores de la mansión encontró este cuarto por casualidad, y comenzó a frecuentarla, sintiendo pena por ella. Por su parte, ella no tardó en quedar completamente enamorada, de la única persona que le había mostrado un poco de amabilidad. 

Cuando el patriarca se enteró de esto, se enfureció. Ahora, aunque la chica muriera, no importaría. El ritual no podía ser llevado a cabo si ella tenía sentimientos por alguien. Al no haber más tiempo para escoger a alguien más, desesperado, el líder asesinó a toda la familia, sin piedad. 

Por último, dejó a los dos amantes, a quienes torturó por horas, hasta que al fin, con toda la mansión llena de sangre, se quitó la vida. 

Se dice que algunos lugareños todavía llegan a ver algún que otro espíritu lamentándose, o peor aún, intentando llevar a cabo el ritual. 

La peor parte de esta historia, es que hay registros de que este tipo de ritual se hacía en varias zonas de Japón, siendo detenidas, en la mayoría de los casos, por un suceso parecido a este, en el que el sacrificio ya no “servía”.

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