La leyenda de Konohanasakuya-hime, diosa del monte Fuji

Konohanasakuya-hime

Konohanasakuya-hime

Entre las diosas o kami, japonesas con nombres más largos tenemos a Konohanasakuya-hime, la “princesa de flor naciente”, que también puede escribirse como Konohana sakuya hime no mikoto. Esta diosa, cuya leyenda pertenece a los mitos relatados en el Kojiki, el libro japonés más antiguo

Lo interesante de esta kami en particular es su relación con la duración de la vida humana, la belleza de las flores, en especial los cerezos, y el monte Fuji, el pico más grande de Japón. Es una diosa que suele ser dejada más de segundo plano cuando hablamos de kami  famosos, sin embargo, no por ello es menos importante.

 

La leyenda de Konohanasakuya-hime

La diosa Konohanasakuya-hime es una diosa de gran belleza, hija de Oyamatsumi, el dios de las montañas de Japón, hermano de la diosa Amaterasu. Su leyenda nos habla sobre el inmenso amor que sintió por un joven dios celestial, al que encontró un día mientras daba un paseo. 

Este kami, llamado Ninigi, al verla quedó completamente enamorado de su apariencia, razón por la cual empezó a cortejarla inmediatamente, para luego ir a pedir su mano en matrimonio a su padre. Oyamatsumi no tenía ningún inconveniente en que una de sus hijas contrajera matrimonio con aquel dios, sin embargo, prefería que fuera Iwanaga-hime, su hija mayor, diosa de las rocas, puesto que eso aseguraría que sus nietos tuvieran vidas tan largas como las piedras. 

Pero, el kami Ninigi no lo veía de esa forma, no podía siquiera pensar en casarse con la kami Iwanaga-hime, ya que ella era terriblemente fea, siendo el completo opuesto de Konohanasakuya-hime. Ninigi no se lo pensó dos veces antes de rechazar a la hija mayor, afirmando que él solo podía amar a Konohanasakuya-hime.

Oyamatsumi se sintió muy ofendido por la manera tan descortés que tuvo Ninigi de despreciar a su hija mayor, pero aun así aceptó la boda con su segunda hija, recordándole que esta unión implicaría hijos tan deslumbrantes como las flores, pero igual de efímeros, cosa que terminó causando que todos los humanos tuvieran la misma suerte. Ninigi no pensó mucho más en esto, importándole muy poco, centrándose en su bella y encantadora esposa. 

La boda fue llevada a cabo muy pronto, por la insistencia del dios Ninigi de tener a su lado a Konohanasakuya-hime lo más pronto posible, aun así, esta fue espléndida, colmando a su nueva esposa de regalos y buenos deseos. Lamentablemente, la felicidad duró muy poco, puesto que en su primera noche juntos, Konohanasakuya-hime quedó embarazada al primer intento, razón por la cual Ninigi comenzó a sospechar que ella le había sido infiel, dudando de la rapidez del asunto.

Por supuesto, la joven diosa jamás había estado con otro, por lo que al escuchar tal atrocidad de los labios de su esposo, cayó no solo en la humillación de tal rumor, sino también en una profunda tristeza y resentimiento. Ella, cegada por la furia, dejó a su esposo durante todo su embarazó, tiempo en el cual construyó una cabaña sin puertas en el monte Fuji, que en aquel entonces era sumamente activo, lugar en el que daría a luz, afirmando que dejaría a su hijo nacer en el fuego, de tal forma, que solo tendría dos opciones. 

Si el niño y ella sobrevivían al fuego, significaba que el niño era hijo del dios celestial, demostrando ante todos que ella era fiel y devota a su miserable esposo. Si por el contrario, morían en el incendio, sería a causa de su pecado, obteniendo el trato merecido por su supuesto comportamiento adúltero. 

Los meses pasaron y al fin llegó el día del nacimiento, en el cual vino al mundo no uno, sino dos hijos fuertes y sanos, los cuales sobrevivieron exitosamente al incendio que la misma diosa inició para demostrar su inocencia. Estos niños, junto a un tercer hermano que fue concebido poco después, fueron nombrados los hijos del fuego, debido a la forma en que vinieron al mundo. 

Se dice que Konohanasakuya-hime, quien dio a luz completamente sola por el castigo autoimpuesto, terminó cortando el cordón umbilical con un cuchillo de Bambú, que al caer al suelo, provocó que naciera un bosque entero el día siguiente. 

En algunos relatos se cuenta que Ninigi acepta su error y afirma que en realidad nunca dudó de su esposa, sino que lo hizo intencionalmente para que los demás no tuvieran la más mínima duda acerca de su descendencia. Esto, obviamente, no es la mejor respuesta posible, por lo que hizo enfurecer más a la diosa. 

Algunas versiones hablan sobre cómo Konohanasakuya-hime no tenía suficiente leche para sus tres hijos, por lo que terminó creando el sake, para alimentarlos adecuadamente. Esta versión no es muy aceptada actualmente, ya que muestra a una madre dándole licor a un recién nacido, pero además de eso, puesto que el Sake tiene varios supuestos orígenes divinos, las personas simplemente suelen ir por alguna otra. 

Konohanasakuya-hime

El monte Fuji

Con el tiempo la diosa Konohanasakuya-hime se asentó en el monte Fuji y veló por la seguridad de las personas que vivían a su alrededor, evitando que el volcán entrara en erupción. Varios templos fueron creados en su honor, para mantener a la diosa contenta y en calma, pero, por desgracia, muchos de estos fueron destruidos por la lava, cosa que fue tomada como un error por parte de los sacerdotes, al no hacer adecuadamente sus labores.

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