Izanagi e Izanami, el mito de la creación japonesa

Izanagi e Izanami

Izanagi e Izanami

Durante toda la historia, el ser humano ha querido darle una explicación al porqué de la existencia, ya sea mediante la religión, la ciencia, o una mezcla de ambos. En el caso de Japón, este hecho se os es explicado mediante el mito de Izanagi e Izanami, los dioses de la creación.

 

¿Quiénes son estos dioses y de dónde provienen?

Curiosamente, en la mitología japonesa tenemos algo “parecido” a la teoría del Big Bang, esto, ya que los mitos nos cuentan que, al principio, no existía nada, hasta que en algún punto hubo una gran explosión, que creó consigo el sonido.

Este sonido fue tan fuerte que movió las partículas, junto a este, se creó la luz, mucho más rápida que el sonido. La luz se movió hacia arriba, creando el cielo, las nubes y el sol. Mientras, las partículas movidas por el sonido, terminaron abajo, formando la tierra.

Con la explosión, apareció un reino en los cielos, entre las nubes, donde “nacieron” las 7 grandes divinidades, seres sin una forma física, celestiales. Con el tiempo, se dieron cuenta de la existencia de la tierra, que era un completo caos, por lo que decidieron buscar una forma de arreglarla. 

De esta idea, nacen Izanagi e Izanami, creados como dioses, que se encargarían de esta tarea. Como única ayuda, los Kamiyonanayo, es decir, las divinidades, les otorgaron a los dos dioses una lanza mágica.

Con esta lanza ellos tocaron el agua salada, lo que provocó que emergiera una masa de tierra del océano, a la que llamaron Onogoro. Una vez allí, ellos se sentaron a ver su alrededor, aprendiendo sobre el mundo, pensando en qué hacer a continuación. 

 

Creación de Japón

Lo primero que decidieron hacer fue casarse, creando el matrimonio, para luego inventar el sexo. La intención de Izanagi e Izanami era dar a luz a más deidades que pudieran ayudarlos, sin embargo, no sabían cómo hacer esto exactamente, así que hicieron un pequeño ritual, en el cual ambos daban muchas vueltas alrededor de una gran columna que simbolizaba a sus progenitores, las divinidades. 

Al encontrarse el uno con el otro, luego de las vueltas, Izanami, la mujer, le dijo a su esposo “que hombre más amable”, cosa que él respondió dando inicio al coito. Por desgracia en sus primeros dos intentos dieron luz a niños deformes, que no eran dignos, por lo que fueron mandados al mar en pequeñas balsas. 

Sin saber qué hacer, Izanagi e Izanami le preguntaron a las divinidades, qué era lo que hacían mal, y cómo podrían corregirlo, a los que ellos respondieron, que la culpa era de Izanami, al ser la primera en hablar, cuando lo que debía hacer, era esperar a que su esposo le hablara y buscará primero.

Siguiendo el consejo de las divinidades, lograron tener a su primer hijo, una isla llamada Awaji, a la que pronto le seguirían 7 hermanos. Es así como se explica la creación de las 8 islas principales de Japón, así como la creación del resto, que fueron naciendo poco a poco.

En este caso, la mitología nos habla solo de la creación de un país específico, dando a entender que pueden existir otros dioses en otros países, que no afecten en nada el culto a los dioses japoneses.

 

Los demás dioses

Al terminar de hacer las islas, los dioses se centraron en crear a otros dioses que los ayudaran, creando a uno o varios por cada problema que se pudiera presentar en la vida de los humanos.

Tanta era su descendencia, que se dice que todos los japoneses descienden de estos dos dioses.

 

La muerte de Izanami

Lamentablemente, Izanagi e Izanami no pudieron estar juntos por toda la eternidad, como sí ocurre con otras deidades, pues al dar a luz a otro de sus hijos, terminó quemándose tanto que murió en el parto. Esto, ya que el dios que estaba en su vientre era la encarnación del fuego. 

Como cualquier otra persona o Kami, a ella no le quedó de otra más que ir a la tierra de los muertos. Al principio, su esposo estaba devastado, por lo que intentó rescatarla de ese lugar. 

Al llegar, se encuentra con que su esposa no puede volver, pues ha probado comida del infierno, lo que la obliga a quedarse allí por siempre. Aun así, Izanami intenta hablar con los protectores de este reino para que la dejen salir, pero ellos se lo niegan.

Cierto día, a pesar de que su esposa le dijo que no fuera a buscarla sin avisarle antes, y que no la viera, él vuelve a la tierra de los muertos, para sacar a su esposa de allí. Pero, él rompe ambas reglas al encender una linterna para guiarse, lo que le permite ver a su esposa, o lo que queda de ella, ya en descomposición. 

Asustado, la rechaza y sale corriendo, a lo que ella lo intenta alcanzar con ayuda de sus hijos, los dioses de los truenos. Izanagi escapa, cerrando la entrada con una gran piedra, lo que incrementa la ira de Izanami.

Ella, quien hasta entonces había sido tranquila y servicial, se muestra histérica, afirmando que matará a mil personas al día si él no la libera, a lo que él simplemente responde que, si ella hace eso, él creará a mil quinientas personas al día.

Con el tiempo, Izanami pasó a ser la diosa y reina del inframundo, quedándose sola para siempre.

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