La leyenda del ogro rojo que lloró

El ogro rojo y el ogro azul

ogro rojo que lloró

El ogro rojo que lloró es una historia bastante infantil, pero muy querida en Japón, por el mensaje que transmite, y lo conocida que es. Suele ser el cuento que se les lee a los niños antes de dormir, o cuando queremos enseñarle alguna lección con respecto a su enseñanza.

 

Leyenda del ogro rojo que lloró

Esta historia nos cuenta sobre un gran y fuerte ogro que vivía en la montaña. Este ogro era sumamente amable y bondadoso, incapaz de herir al más pequeño animal, sin embargo, era temido por las personas debido a su apariencia terrorífica.

Sus grandes y filosos dientes, su aspecto extraño, de piel, roja, y sus enormes ojos que colocaban incómodos a todos, eran razón más que suficiente para que nadie se le quisiera acercar. Por esto, el pobre ogro rojo vivía en soledad, con su único amigo, el ogro azul.

A pesar de ser el ogro azul una buena compañía, el ogro rojo deseaba más, quería ser aceptado por los demás, quería ir y jugar con los niños, salir al pueblo, hablar con las personas, y disfrutar del día con tranquilidad y felicidad.

Este pobre ogro se sentía muy herido al ver como los demás lo señalaban, burlándose o huyendo de él, mientras lo llamaban un monstruo, desalmado, y horrible. Aun así, el ogro no guardaba ningún tipo de odio o rencor por quienes le llamaban de esa forma, por el contrario, solo quería hacerlos cambiar de opinión. 

Un día, con mucho optimismo, se pasó toda la mañana creando un enorme cartel decorado bellamente con mucho esfuerzo, en el que afirmaba, que tanto él como el ogro azul eran completamente amigables y buenos, por lo cual, nadie allí debía temer de ellos ni de su apariencia. Pero claro, nada de esto sirvió para cambiar la mentalidad de los aldeanos, quienes inmediatamente creyeron que se trataba de alguna especie de trampa, para atraerlos hacía su guarida.

El ogro rojo esperó pacientemente durante una semana, con la esperanza de que alguien creyera en sus palabras, y se atreviera a visitarlos, pero, lamentablemente, esto nunca ocurrió. Pasada la semana, el ogro rojo, con lágrimas rodando sin cesar por sus mejillas, quitó el cartel que tanto se había esforzado en hacer, para luego romperlo, junto a sus esperanzas. 

Después de haberlo intentado tantas veces, y de tantas formas, el ogro rojo comenzaba a pensar que realmente debía ser un ente malvado, que debía haber alguna clase de maldad dentro de él que espantaba a los demás, pues de otra forma, no se explicaba por qué razón nadie quería siquiera escuchar lo que tenía por decir.

Desesperado, se recluyó en su hogar, cayendo en una profunda tristeza. Pasaron varios días en los que el ogro azul no sabía nada de su amigo, por lo cual, con mucha preocupación, fue a su casa a investigar qué ocurría. Allí se encontró con lo que creyó que nunca vería, al ogro rojo ahogándose en la desdicha. 

La simple idea de esto era demasiado para el ogro azul, que se sintió mal por no haber estado a su lado esos días. Sin poder encontrar otra forma mejor, el ogro azul le planteó una solución a su amigo. 

Se trataba de un plan que, según él, era infalible. En este, el ogro azul debía ir a la aldea, a asustar a todos los niños, amenazándolos con comerlos vivos, solo para que el ogro rojo pudiera llegar a la escena, acabar con el “ogro malvado”, y así salvar a todos los niños.

El plan salió a la perfección, consiguiendo que los niños se volvieran casi inmediatamente amigos de su salvador, el ogro rojo. A partir de entonces estos niños, junto con algunos adultos, iban constantemente a la casa del ogro rojo, pidiéndole que jugara con ellos, o incluso pidiéndoles algún consejo.

El ogro rojo estaba tan feliz que se olvidó de todo lo demás, concentrándose en su nueva vida, con sus nuevos amigos. Ahora todos sus días eran buenos, haciendo lo que siempre quiso, mientras era celebrado como a un héroe.

Pasó un buen rato hasta que el ogro rojo se dio cuenta de una terrible realidad, su amigo, el ogro azul, llevaba mucho tiempo sin visitarlo. Al principio, estaba tan ocupado conociendo a personas nuevas, y formando lazos con ellos, que no tenía tiempo para pensar en nada más. 

A medida que se acostumbraba a su nueva vida, se sentía, en cierta forma, un poco solo, lo cual lo confundía, hasta que cierto día, al ver un objeto que le había regalado su amigo hace mucho, recordó los tiempos juntos, preguntándose el por qué de su ausencia.

Justo cuando estaba a punto de escribirle una carta, se encontró con un sobre peculiar, que no había sido abierto. Dentro de este estaba la letra de su amigo, diciendo que, él realmente deseaba quedarse al lado del ogro rojo toda su vida, tal y como habían hecho hasta ahora, pero que, ya que el sueño del ogro rojo era ser aceptado, no tenía más opción que desaparecer luego del plan, para que las personas no los vieran juntos y, por tanto, no volvieran a desconfiar de él.

Al leerlo, sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas, mientras se arrepentía por haber dejado atrás a su gran amigo, que lo había sacrificado todo por su felicidad. El ogro rojo intentó encontrarlo por el resto de su vida, pero jamás pudo volver a verlo.

ogro rojo que lloró

Esta historia nos recuerda cómo no solemos valorar lo que tenemos hasta que lo perdemos, y que, ante todo, debemos centrarnos en aquellas cosas buenas de la vida, en vez de soñar con lo que podría ser.

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