Leyenda de la mariposa blanca, un cuento de amor japonés

Leyenda de la mariposa blanca

La leyenda de la mariposa blanca

Esta es una historia muy conocida en Japón, que habla sobre la leyenda de la mariposa blanca, que visitó a un solitario hombre, en su lecho de muerte. 

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En este relato, conocemos a Takahama, un hombre ya anciano, que vivía pacíficamente detrás del cementerio. Él era un hombre muy querido y apreciado por sus vecinos, ya que era sumamente amable, y siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás.

Aun así, solían circular varios comentarios desagradables sobre él, debido a que se le consideraba muy extraño y excéntrico. La mayor razón para esto, era porque Takahama todos los días hacía tres cosas en particular. 

Primero se quedaba un rato sentado fuera de su casa, mirando fijamente al cementerio, con la mirada calmada, mostrando de vez en cuando alguna sonrisa, o pequeñas lágrimas. Luego, daba una larga caminata por todo el pueblo, que solía tardar mucho, ya que en su camino, se encontraba con decenas de conocidos, que lo detenían para hablarle un poco.

Cuando al fin llegaba a su destino, una florería al otro lado del pueblo, siempre compraba rosas blancas, que llevaba con sumo cuidado todo el camino de regreso. Para finalizar el día, entraba al cementerio, solitario, y regresaba con una pequeña sonrisa. 

Este era su “ritual”, no había un solo día en que no hiciera estas tres cosas, aunque claro, ciertos días podía hacer poco más, cómo meditar en la plaza, cosa que atraía al resto, reuniendo alrededor de 50 personas en cada ocasión. También podían verlo jugando con los niños pequeños, dando consejos tanto a los infantes, como a los padres. 

Para ser alguien que vivía solo, que nunca se había llegado a casar, ni mucho menos tener hijos, era una persona sumamente alegre, que disfrutaba de la vida.

Todos se sorprendieron cuando, un día, no apareció en la plaza, en su usual caminata, por lo que al hacerse tarde, varias personas acudieron a su casa, preocupándose por la salud del anciano. Al llegar, vieron al pobre hombre en el piso, consciente, pero sin ninguna fuerza.

Pronto llamaron a los pocos familiares que le quedaban, su hermana, y su sobrino, que vivían muy lejos. Takahama no solía verse mucho con sus familiares, pero aun así, se guardaban cariño, por lo que ambos partieron de inmediato al enterarse del estado crítico de Takahama. 

Cuando al fin llegaron, el anciano ya se encontraba en un estado avanzado de enfermedad, por lo cual, más que intentar curarlo, se enfocaron en cuidar de él durante sus últimos momentos, para hacerlos cómodos, y agradables.

Su hermana, sabiendo cómo hacerlo sentir un poco mejor, decidió ayudarlo a salir de vez en cuando, para que así, pudiera ver el cementerio, cosa que fue criticada por los vecinos, que no entendían este actuar. Desde afuera de los pensamientos de estas dos personas, parecía como si fueran un par de lunáticos, que ansiaban la muerte.

Cierto día, mientras el sobrino cuidaba de su tío, entró una bella mariposa blanca por la ventana, acercándose a Takahama. El sobrino intentó varias veces deshacerse de la mariposa, echándola, pero esta se resistió, volviendo cada vez, como si lo hiciera a propósito. 

Él terminó por cansarse, así que dejó hacer a la mariposa lo que quisiera, a lo que esta respondió, posándose sobre el enfermo por un momento. Luego, cuando volvió a volar, comenzó a dar un par de vueltas alrededor del chico, para luego ir en dirección al cementerio. 

El sobrino, un poco confundido, siguió a la mariposa, pasando entre las tumbas. Sin ninguna razón aparente, el chico estuvo siguiéndola durante casi una hora, hasta que esta se detuvo por fin, sobre una tumba vieja, pero bien cuidada, de una joven llamada Akiko.

Esta mujer, había fallecido a la edad de 18 años, y la fecha de muerte, marcaba que llevaba más de 60 años enterrada. A pesar de todo ese tiempo, la tumba no solo estaba limpia, sino que además, tenía varios ramos de rosas blancas, ya a punto de marchitarse. 

Al volver a casa, Takahama ya había fallecido, por lo que volvió a salir, para buscar a su madre, y darle la noticia. El chico le contó a su madre lo sucedido, disculpándose por no haberse quedado al lado del anciano en sus últimos momentos, como se le había pedido. 

Su madre, aunque triste por la noticia, no lo regañó por ello, al contrario, le contó una historia sobre aquella tumba que había visto. Resulta que, cuando Takahama tenía alrededor de 20 años, estuvo a punto de casarse con la mujer que amaba, pero, lamentablemente, Akiko, su prometida, falleció poco antes de la boda, lo que destrozó a Takahama, llevándolo a una profunda tristeza, que duró varios años, hasta que, con el recuerdo de su amada, meditación, y la ayuda de su familia, pudo dejar atrás el dolor, pero no los recuerdos.

Akiko y Takahama, habían sido amigos desde la infancia, enamorándose en el camino, al punto en que Takahama no pudo olvidarla, haciendo la promesa, de permanecer fiel a ella, y su eterno amor. Era por esto que él vivía frente al cementerio, y nunca llegó a formar una familia. 

Los vecinos llegaron a escuchar esta historia, por lo que pronto, toda la aldea estuvo celebrando aquella mítica historia de amor, en la que su prometida finalmente se lo llevó consigo, usando la forma de esa bella mariposa.

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