La leyenda de Amemasu y los Tsunamis

El origen de los Tsunamis

Amemasu y los tsunamis

No es ningún secreto que Japón es uno de los lugares con mayor cantidad de desastres naturales al año, entre los cuales, figuran los tsunamis, esas enormes olas que se forman en el mar, y que arrasan con todo a su paso, llevándose la vida de cientos o incluso miles de personas. Para poder ver este tema desde el punto de vista mitológico, hoy te traigo la leyenda de Amemasu y los tsunamis.

Los tsunamis no se trata de algo reciente, pues ha formado parte de toda la historia de Japón, e incluso antes de que este país se formara como tal. Normalmente cuando estas cosas ocurren, el ser humano intenta darle una explicación racional, cosa que, en aquellos tiempos, racional no significaba precisamente algo relacionado con la lógica como la conocemos hoy en día, ni mucho menos la ciencia. 

Hoy en día, sabemos perfectamente que los tsunamis son causados por terremotos de grandes magnitudes debajo de la superficie acuática, cosa completamente normal en un punto geográfico como Japón. Pero, eso no era para nada obvio en la antigüedad, sino que se consideraba un evento completamente ajeno a los terremotos. 

Si quieres leer más sobre los terremotos en Japón, aquí tenemos un post especial para ti.

Por esto, las personas recurrían a sus creencias para dar con la explicación que buscaban, asumiendo, en la mayoría de los casos, que las cosas malas nos ocurren por culpa de los pecados (capitales o religiosos) que hayamos cometido. Ya sea esto un “no matarás” (que en este caso no aplica, ya que el cristianismo no es tan popular en Japón), o “avaricia, celos, gula…” que viene ligado a la cultura budista, junto a otras más.

En el caso de los tsunamis, la mejor explicación que pudieron pensar, era que uno de sus Yokai, los monstruos/fantasmas/espíritus japoneses, tenía que ser el culpable.

 

La leyenda de Amemasu y los Tsunamis

Amemasu y los tsunamis

Esta es la historia sobre un Yokai con la forma, y el gran tamaño de una ballena, que solía habitar en el lago Mashu (considerado el lago de las aguas más claras del mundo), Este enorme Yokai impedía el paso del agua del pacífico con su cuerpo.

Cierto día, apareció un joven ciervo que tenía tanta sed, que no se dio cuenta de que había llegado al temido lago de la criatura, por lo que se acercó sin ninguna precaución, a beber de sus aguas. El Yokai, que solía ser muy territorial y tener constante hambre, no dudó ni dos segundos en devorar al pobre animal, sin preocuparse por tan siquiera masticarlo.

El ciervo, ya dentro del Yokai, seguía con vida, pero sabía que no tardaría mucho en ser digerido, así que se resignó a morir, llorando por su mala suerte. Los dioses, al ver lágrimas tan puras rodar por las mejillas del animal, decidieron ayudarlo, haciendo que sus lágrimas fueran capaces de perforar el estómago del temible Amemasu.

De esta forma, el ciervo consiguió salir del cuerpo del Yokai, moviéndose entre sus tripas, mientras este iba perdiendo la vida. Mientras esto ocurría, un ave que pasaba cerca presenció toda la escena y, preocupado por lo que pasaría cuando Amemasu dejara de bloquear el agua del océano pacífico, fue a alertar a los aldeanos, para que pudieran escapar de las consecuencias.

Lamentablemente, las personas a las que advertía no le quisieron hacer caso a sus temores, por el contrario, se veían felices al saber que la bestia había muerto. Solamente los Ainu, el grupo indígena de Hokkaido y Honshu, le hicieron caso, aceptando sus palabras, marchándose inmediatamente.

Los demás, lejos de estar asustados, fueron a ver, con mucha curiosidad, al Yokai muerto, para luego tomar su carne, y comer gustosamente cada parte de él. Se dice que, además de profanar el cuerpo al comerlo, ni siquiera agradecieron la comida, como era costumbre, y llegaron a pelear por los últimos trozos, robándose los unos a los otros.

Cuando ya no quedó nada más que huesos del Yokai, al que habían tratado como un mero animal, las aguas del océano pacífico fueron desbloqueadas, haciendo crecer el lago, hasta convertirse en una potente masa de agua, que terminó con la vida de todos los habitantes, a excepción de los Ainu, que fueron a las zonas altas, salvándose.

Este fue el primer tsunami que atacó a Japón, según se cuenta, provocando tanto miedo y desesperación, que los pocos que sobrevivieron entre los que permanecieron cerca, murieron poco después de la misma forma, cuando los tsunamis comenzaron a hacerse frecuentes.

A partir de entonces, cada tsunami es provocado por Amemasu, que aun al día de hoy sigue buscando su venganza, por todo lo que le hicieron pasar aquellos humanos, hace siglos atrás. 

 

Amemasu y la pescadería

Se cree que Amemasu cumplió con su venganza al asesinar a los aldeanos, sin embargo, nunca detuvo los desastres naturales, por lo tanto, esta ya no es la razón de su enojo. 

Según la leyenda, el espíritu de Amemasu estaba a punto de descansar en paz, hasta que descubrió la terrible forma en que eran tratadas todas las criaturas de mar, por los humanos,  lo que le hizo enfadar nuevamente, al punto en que mantiene de forma constante los tsunamis, para castigar a los humanos.

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