La princesa Bari, la diosa del inframundo coreano

La Princesa Bari

La princesa bari

El mito de la princesa Bari nos cuenta sobre el nacimiento de la diosa del inframundo, encargada de guiar las almas al más allá, borrando toda pena y rencor para que puedan descansar en paz.

Esta fue una deidad muy importante, a la que se le cantaba en ritos chamánicos durante los funerales, para asegurar que los espíritus no se quedaran rondando el lugar.

 

La Leyenda

Todo comienza cuando Jusanggeummama y Jungjeonbuin planean su boda. Como cualquier otra pareja enamorada de aquella época, deciden ir con los chamanes para que estos le den un presagio sobre su matrimonio, dando a conocer si los dioses aceptan o rechazan la unión. Lamentablemente, Dajibaksa del palacio Cheonghagung les dice que su matrimonio no puede darse, puesto que los espíritus y deidades no los consideran compatibles.

A pesar de esto, ambos terminan casándose, ignorando sus palabras, cosa que escandaliza a todos, pero, al tratarse de un rey, hay poco que los demás puedan decir o hacer al respecto. Ellos viven muy felizmente, pensando que el chamán estaba equivocado, ya que no había ocurrido nada malo desde la ceremonia. Dajibaksa simplemente se limitó a decirles que en el futuro verían las consecuencias. 

La desgracia llegó varios años después, cuando, luego de dar a luz 6 hijas, tuvieron a la última, sin ningún hijo varón que pudiera heredar el trono. Jusanggeummama y Jungjeongbuin no sabían qué hacer, por su edad y el estado de la mujer no podían tener más hijos, por el amor a su esposa no podía tener a otra mujer, y si dejaban el trono a un pariente lejano, inmediatamente se crearía un gran caos por la lucha de poder.

La última princesa fue abandonada, recibiendo como nombre Bari, ya que nadie quizo encargarse de ella, fue dejada en manos de Dajibaksa y Birigongdeok, sus abuelos, quienes la cuidaron y criaron amorosamente, asegurándose de que no le faltara nada.

Unos años más adelante, la pareja cayó enferma, sin haber podido solucionar los problemas de sucesión, por lo que el país entero estaba en caos. Los chamanes determinaron que la causa de su malestar era espiritual, que solo podrían ser sanados por una especie rara de flores que crecen en el inframundo, el territorio del dios Mujangseund, y solamente si estas eran traídas por alguna de sus hijas.

Jusanggeummama y Jungjeonbuin se sintieron debastados al escuchar esto, ya que tendrían que poner en peligro a alguna de sus amadas hijas. Pero, lo que más les dolió, fue el hecho de que todas colocaran alguna escusa vaga para no ir, casi como si esperasen su muerte. Las princesas, algunas caprichosas, otras rencorosas por no poder tomar la corona, no tenían el más mínimo interés por sus padres.

Luego de intentarlo con palabras bonitas, chantajes o sobornos, nada les dio resultado, ninguna estaba dispuesta a arriesgar su vida, por lo que no les quedó más opción que recurrir a la princesa Bari, a quién habían abandonado, y de la cual no habían sabido nada desde su nacimiento. 

Bari, ni siquiera conocía los rostros de sus padres, ni tenía ningún apego en especial, ya que eran unos desconocidos para ella, sin embargo, aun así decidió ayudarlos, ofreciéndose para ir en búsqueda del antídoto en el inframundo. Es así como ella terminó disfrazada de hombre, para ocultar su identidad, en los dominios de los muertos.

Siendo una joven tímida y extrovertida, Bari se sintió muy intimidada al llegar al inframundo, descubriendo todo un mundo de caos y muerte a su alrededor. Allí, sintiéndose muy mal al descubrir la gran cantidad de almas en pena, que vagaban eternamente deseando algún tipo de venganza, quiso buscar la forma de ayudar a estas personas, utilizando una serie de hechizos.

Fueron tantas las almas a las que salvó, que muy pronto Mujangseung se enteró de la existencia de esta mortal, enamorándose de su belleza y noble carácter. Con el tiempo la princesa Bari terminó correspondiendo sus sentimientos, aceptando casarse con él, matrimonio del cual nacieron varios niños. 

Durante su estadía en el inframundo, la princesa Bari se concentró en encontrar la cura que tan insistentemente se le había pedido. El día en que al fin logró terminar el remedio volvió al mundo humano, dándose cuenta de la gran cantidad de tiempo que llevaba en el inframundo. 

En el mundo mortal todos se preparaban para el funeral de los reyes, quienes se encontraban en el estado más crítico de la enfermedad. Por suerte para ellos, la princesa Bari llega a tiempo, obligándolos a tomarse la medicina. 

Todo el reino celebró al ver a sus soberanos nuevamente sanos, con años de vida por delante, otorgándoles tiempo para conseguir a un sucesor, o preparar a una de sus hijas. A la princesa Bari se le dejó de ignorar, así mismo, los reyes le ofrecieron un título, a lo que ella negó dejando en claro que nada de eso le interesaba.

Lo malo es que la princesa Bari no pudo disfrutar de todo esto, ya que debe irse nuevamente con su esposo e hijos, a gobernar y guiar a las almas, para que no haya ningún problema.

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