La leyenda coreana de la hermana sol y hermano luna

La leyenda coreana de la hermana sol y hermano luna

hermana sol y hermano luna

La leyenda coreana sobre la creación del sol y la es bastante particular, pareciendo más un cuento para niños, que la leyenda de una mitología, pero, de igual forma les traigo hermana sol y hermano luna, para que puedan conocer esta antigua historia.

Esta leyenda nos cuenta sobre una familia compuesta por una madre viuda, y sus dos hijos. La madre, puesto que había enviudado hace poco, debía salir a trabajar de lo que consiguiera, para poder seguir alimentando a sus preciados hijos. 

Cierto día, tenía que partir hacía una casa que quedaba tan lejos, que debía caminar 20 cuestas, para poder llegar. Teniendo en cuenta esto, la madre le dijo a sus dos hijos que llegaría muy tarde, por lo que debían encerrarse en la casa, y no salir ni abrirle la puerta a nadie hasta que ella llegara. 

Ellos aceptaron obedientemente, dedicándose a jugar todo el día, mientras su madre iba a trabajar limpiando las casas de otras personas. Cuando llegó la noche, y se fue haciendo cada vez más tarde, los niños comenzaron a preocuparse por su madre, a pesar de que sabían lo lejos que quedaba su lugar de trabajo.

Angustiados, ambos comenzaron a preguntarse si no le habría ocurrido algo a su madre, sintiéndose solos y abandonados, comenzaron a llorar. Mientras esto ocurría, la madre apenas había logrado terminar con su trabajo, preparándose para volver a casa, mientras tarareaba alegremente, al saber que podría llevarse varios bollos que les fueron regalados, para dárselos a sus hijos, quienes amaban las cosas dulces.

Con el paquete de bolas de arroz sobre su cabeza, la madre de los niños se dirigió al fin a cada, un poco temerosa, al verse rodeada de una absoluta oscuridad debido a las altas horas de la noche. Este temor se incrementó cuando comenzó a escuchar varios aullidos y gruñidos de animales, proviniendo de lugares que le eran imposibles ver.

Ella intentó animarse, pensando en lo felices que estarían sus hijos cuando llegara con esa comida tan deliciosa, sin embargo, esto no le duró mucho, pues cuando al fin cruzó la primera cuesta, se apareció ante ella un enorme tigre.

Al principio, la idea del tigre era devorarla, pero cambió de opinión cuando olió el exquisito aroma de las bolas de arroz sobre su cabeza. Con mucha hambre, el tigre se interpuso en su camino de forma intimidante, exigiendo una de estas bolas de arroz, asegurando que la dejaría en paz si lo hacía. 

La madre no dudó en darle lo que pedía, corriendo luego lo más rápido posible, para poder huir de él. Pero, por desgracia para ella, el tigre volvió a aparecer en la segunda cuesta, ofreciéndole el mismo trato, a lo que ella no tenía más opción que aceptar.

El tigre continuó haciendo lo mismo en cada una de las cuestas, hasta que, justo cuando le faltaba una sola cuesta más para llegar a su hogar, se le acabaron las bolas de arroz. Ella comenzó a llorar, desesperada, pidiendo al tigre que por favor no la comiera, pero este se negó a escuchar sus súplicas, devorándola de un solo bocado.

Todo esto no fue suficiente para el tigre, que estando trastornado por la gula, seguía deseando más y más alimento. Pronto se dio cuenta de que había una luz proviniendo de la última cuesta, así que se acercó a ver de qué se trataba.

Aquella era la casa de los niños que esperaban a su madre, al notar su parecido con su víctima anterior, decidió vestirse con sus ropas, e imitar su voz, para hacerse pasar por ella, y así poder entrar a la casa que guardaba sus últimos trozos de cena.

Los niños sospecharon del intruso cuando los llamó, pues les hablaba de manera distinta a como lo hacía ella, así que se acercaron con cautela a la ventana, para asegurarse de que no fuera un engaño. Al ver al lobo con la ropa de su madre, inmediatamente se dieron cuenta de que se trataba de un animal peligroso, por lo que se negaron a abrir, y aprovecharon de huir por la puerta trasera.

Una vez en el patio, treparon el árbol más alto, esperando que eso fuera suficiente para salvarse del animal. De esta forma, cuando el tigre llegó al patio, comenzó a preguntarles, cómo habían llegado tan alto.

Queriendo engañarlo, el hermano respondió que habían usado aceite de sésamo en ambas manos, para poder trepar bien. El tigre, que era feroz, pero poco inteligente, cayó en el truco, resbalándose cada vez que intentaba trepar.

Los dos hermanos comenzaron de reír a carcajadas, burlándose del tigre, pero, por error la hermana soltó la verdad, al decir que el tigre era un tonto por no usar sus garras para poder subir. Este la escuchó, e hizo caso de su sugerencia, subiendo eficazmente por el tronco. 

Mientras lo veían subir, los niños, atemorizados nuevamente, comenzaron a llorar y rezar, para que el gran dios los escuchara, y les enviara una soga con la cual salvarse. Para sorpresa de ambos, los cielos se compadecieron de ellos, enviándoles justo lo que pedían, una soga con la cual escapar.

Esta soga, estaba atada a los cielos, por lo que ambos niños llegaron junto a los dioses, y se quedaron viviendo con ellos entre las nubes. Por su parte, el tigre, pidió a su vez por su propia soga, pidiéndole al dios de los cielos que se apiadara de un pobre tigre hambriento, y lo dejara perseguir a sus presas. 

Curiosamente, su petición fue igualmente escuchada, cayendo otra soga de los cielos, para que el tigre lograra subir, sin embargo, cuando estaba a punto de llegar, la soga se rompió. El dios de los cielos le había enviado una soga vencida, esperando a que se rompiera, justo como pasó.

El tigre terminó convertido en una gran mancha de sangre en el patio, mientras que los hermanos se convirtieron en el sol y la luna, convirtiéndose en seres inmortales. 

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