Omiai: matrimonios concertados en Japón

Los omiai

Omiai matrimonios concertados

Los matrimonios conservados pueden parecer algo del pasado, pero, sabiendo como es Japón, con sus costumbres milenarias y su manera de pensar un poco «a la antigua», a pesar de ser un país tan moderno, no resulta extraño que esto siga siendo una realidad. Los Omiai son una respuesta a la presión social, y la falta de tiempo de la ajetreada vida japonesa.

 

Su diferencia con los matrimonios concertados de occidente

Como siempre, no podemos esperar que un concepto occidental funcione bien para explicar una costumbre japonesa, aun si estas parecen tener cosas en común.

En el caso de occidente, los matrimonios arreglados eran una cuestión política, en su mayoría. Se trataba de conseguir el mejor partido posible para asegurar una ganancia a los padres o tutores de las personas involucradas, por esto mismo, la opinión de los afectados importaba poco o nada, llegando al punto en que muchos veían a su pareja por primera vez el mismo día de la boda.

Esto, por supuesto, llevaba a que la mayoría de las parejas no se llevarán bien, lo que a su vez abría paso al adulterio, siendo pareja solo en nombre, si ningún sentimiento de por medio. Todas estas cosas estuvieron presentes hasta cierto punto en los Omiai, sin embargo, hay varias cosas en las que se diferencian demasiado.

Para empezar, en el Omiai suele haber alguien llamado «Nakōdo», que se refiere al casamentero, este puede ser los mismos familiares, como ocurre en occidente, o una persona externa, encargada de seleccionar a las posibles parejas. Para esto, los padres deben enviar a los padres del candidato, o candidata, una fotografía (o un retrato, si vamos a épocas antiguas), junto con toda la información relevante, como aficiones, hobbies, carrera, estatura, sueldo… e incluso algunas cosas como el tipo de sangre, que como ya hemos visto en post anteriores, nos dicen el tipo de personalidad que tiene una persona.

Si ambos padres están de acuerdo, así como los hijos, se da lugar a una cita entre los jóvenes, con la presencia de los padres, dejándoles un poco de tiempo a solas para que hablen con más libertad. Si ambos se gustan, se verán en un total de 3 citas, siendo en la última, cuando decidirán si casarse o no.

En la antigüedad solía ocurrir que los hijos no tuvieran mucho que decir sobre la elección de sus padres, pero igualmente era común que si se tomará en cuenta su opinión, a menos claro, que se tratara de un pacto directamente comercial. Ahora, esto ya no ocurre, puesto que aun si los padres intentan presionar para que escojan a la pareja que a ellos más les agrada, no hay nada que los obligue a casarse con alguien que no les atrae.

Independiente de si la familia podía ejercer poder o no en la decisión, era muy poco usual que la futura pareja no se conociera antes de la boda, ya que al menos, los padres de ambos debían reunirse a dejar las cosas preparadas, y presentar a sus hijos.

 

La historia del Omiai

Los matrimonios concertados en Japón dieron inicio al rededor de 1190, siendo entonces una cuestión meramente política, que solo ocurría entre los de la nobleza. Con el tiempo esto se fue popularizando, pero aun así, fue hasta el periodo Edo., al rededor del siglo XVI que se extendió verdaderamente, convirtiéndose en la norma general.

No fue sino hasta el siglo XIX que, por la influencia extranjera, los matrimonios por amor comenzaron a darse con más regularidad. De hecho, luego de la Segunda Guerra Mundial, la cifra de matrimonios concertados bajó significativamente, pasando de un 70% a apenas poco más del 6% la cantidad de Omiai realizados.

Por más que 6% parezca una suma baja, siendo Japón un país tan densamente poblado, este 6% representa la cantidad suficiente de ciudadanos como para que sigan existiendo todo tipo de empresas dedicadas exclusivamente al Omiai. Ante esto, incluso se han creado nuevos negocios que buscan facilitar las cosas para los jóvenes que buscan pareja de esta manera.

Omiai matrimonios concertados

La presión social

Ciertamente, casarse no tendría por qué ser una obligación, el hecho de que siga existiendo el Omiai, es debido únicamente a que ciertas personas sienten que eso es lo que deben hacer. Deben casarse sí o sí antes de que pasen su «tekireiki», es decir, su edad «casadera», si no serán considerados fracasados a los ojos de sus padres, u otras personas externas.

Todo por la constante presión social que busca hacerles ver que su vida debe ser de cierta manera. Deben ser extremadamente educados, para mantener la armonía, aunque eso signifique ignorar sus pensamientos, como podemos ver con el Honne y Tatemae, además, tienen que mantener notas perfectas y cumplir todas las normas, y posteriormente tener un buen empleo, una buena pareja, y ser alguien útil para su comunidad.

De no ser, o hacer, todo lo señalado anteriormente, entonces simplemente no están completos. Ante esta perspectiva, muchos sienten que no tienen más opción que conseguir una pareja que cumpla las expectativas, sobre todo de sus padres.

 

Medios actuales

Aunque lo usual, en la actualidad, es que sean familiares o amigos quienes buscan la posible pareja, aquellos japoneses que quieren tomar la iniciativa pueden recurrir a varias opciones. Entre estas, destacan las aplicaciones como Tinder y otras, pero no bastando con esto, pueden hacer uso de las famosas máquinas expendedoras de Omiai.

Aunque suene a una locura, o una noticia falsa, hay cientos de máquinas expendedoras que por 1,000 yenes, o poco más, puedes seleccionar entre cientos de notas con información para contactar a alguien que también esté buscando matrimonio. Estas notas contienen a simple vista, para ser seleccionadas, la edad, prefectura de residencia, los hobbies, lo que buscan, y su carrera.

Sin olvidar los distintos clubes de solteros, citas rápidas a ciegas, y muchas otras por el estilo, a los que sí estamos un poco más acostumbrados, con la diferencia que las personas que van a estos tienen en mente el matrimonio.

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