Okunoshima: La isla de los conejos en Japón

Okunoshima: La isla de los conejos en Japón

Okunoshima (1)

Japón no deja de sorprender con sus “excentricidades”, que van desde tener todo un barrio “Otaku”, hasta tener pequeños pueblos que viven de manera “tradicional”, dejando de lado cualquier cosa o situación moderna. Por esto ya no se nos hace tan extraño el saber que existe la isla de los conejos en Japón, llamada Okunoshima, también conocida como “Usagi Shima”.

Se trata de una isla de no más de 4 kilómetros cuadrados, que tiene muchos más conejos que personas habitando en ella. Sin duda alguna, se trata de un pequeño paraíso para los amantes de estos adorables animales.

Ya hemos conocido anteriormente algunas de las famosas islas de gatos, (no les bastó con una). Ahora, es turno de Okunoshima y sus amigables habitantes, que no durarán en perseguirte por toda la isla para que les des comida o mimos.

Algo particular de esta isla, y que destaca por sobre las islas de los gatos, es su historia, y su relación con la Segunda Guerra Mundial. Una relación que llevó a la apertura de todo un museo en 1988. 

 

¿En dónde queda la isla de los conejos?

Okunoshima se encuentra dentro de la prefectura de Hiroshima (conocida por la terrible bomba atómica de la Segunda Guerra Mundial), en la ciudad de Takehara. Al estar frente a las costas de Hiroshima, es fácil llegar a esta isla desde Tadanouma, por medio del ferry, o por Omishima.

 

¿Qué podemos encontrar en Okunoshima?

Dejando a los peludos habitantes de lado, Okunoshima tiene para ofrecer playas hermosas, además de tener la famosa colina del sol poniente, desde donde el atardecer se ve espectacular. 

Sin olvidar, claro, el museo de Okunoshima, en el que conocemos su historia, en una combinación de campos verdes, conejos y bases militares. Todo esto junto a alguna que otra curiosidad, como su pintoresco faro, que está situado en el extremo más meridional de la isla, en una zona vedada.

Okunoshima (1)

¿Los conejos son amigables? ¿Representan algún riesgo?

Por más que los conejos sean adorables, quienes hemos tenido alguna mascota, sabemos que los más temperamentales pueden llegar a morder, si están bajo estrés. Al ser una isla repleta de conejos, muchos de ellos sin esterilizar, y viviendo de forma semisalvaje, no sería extraño que alguno tenga este mal genio.

No obstante, estos conejos están tan acostumbrados a los visitantes, que no solo no representan ningún problema, sino que directamente buscan a los humanos para obtener su atención, y alimentos. Aunque claro, siempre es buena idea tratarlos con delicadeza y cariño, para que no ocurra ningún problema, sobre todo si se va acompañando de niños pequeños.

El único peligro que podríamos mencionar, es que se te haga imposible caminar por estar completamente rodeado de los mismos, cosa que ocurre muy seguido. 

Lo que más le suele gustar a los turistas de esta experiencia, es que en la misma isla invitan a todos a alimentar indiscriminadamente a los conejos, y tienen tiendas específicas para ello. Gracias a esto, junto a varias medidas del gobierno de la zona, estos animales se mantienen siempre bien alimentados, y sanos. 

Incluso se tienen algunas reglas que impiden que se lleven otros animales a la isla que puedan crear un conflicto, como los perros o gatos, aun si el dueño asegura que son inofensivos. Más que todo porque los conejos no están acostumbrados a interactuar con animales que puedan ser su depredador, por lo que causaría pánico entre los conejos. 

 

¿Por qué Okunoshima está llena de conejos?

Hay dos posibles explicaciones sobre el por qué de los conejos en Okunoshima. 

La primera, y la más simple, habla sobre un grupo de estudiantes que en el año 1971 liberaron varias parejas de conejos. Se cree que con los años, estos conejos se adaptaron, y tuvieron crías, que posteriormente se convirtieron en cientos de conejos. 

La segunda, es la que involucra la historia de Japón en la guerra. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1925, Japón se vio en la obligación de firmar el Protocolo de Ginebra, en el que establecía que no podría utilizar, ni crear, ningún tipo de arma biológica o química. Una firma que solamente tomaron en cuenta por dos años. 

Más tarde, en 1927, se abrió, de forma confidencial, un laboratorio en Okunoshima, escogiendo a esta isla en particular por su ubicación, su dificultad de rastreo, y la fácil comunicación que mantenía con la capital. Era un punto estratégico que consiguió dar pie a la creación de varias armas. 

Durante ese tiempo, se hizo todo lo posible por mantenerlo en secreto, incluso de los habitantes de aquella isla. No fue sino hasta muchos años después, que Japón admitió, brevemente, su culpa. 

De cualquier manera, al acabar la Segunda Guerra Mundial, los animales que se usaban para experimentar fueron liberados, entre ellos, los conejos. Los primeros conejos de la isla serían animales de laboratorio. 

Tiempo después, el gobierno japonés comenzó a ofrecer ayuda médica y financiera a los habitantes que se vieron afectados por las pruebas realizadas en la isla. Finalmente, para dar un poco más de contexto a la historia, se creó el museo. 

No se sabe con certeza cuál de los dos eventos llevó a que la isla tuviera una “plaga” de conejos, bien podría ser una combinación de ambas. Independientemente de esto, Okunoshima hoy en día es una isla turística, cuya economía se centra en ello. Un lugar perfecto para pasar unos días, si te gusta este tipo de animal, y te agrada la idea de terminar rodeado por completo de conejos.

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