Teatro Kabuki, historias de romance y tragedia

Teatro kabuki

Teatro kabuki

El famoso Teatro Kabuki, reconocido por sus maquillajes llamativos, y sus hombres interpretando personajes femeninos en medio de danzas tradicionales repletas de significado, es una clara y única muestra de las tradiciones y arte japonés. Este, al contrario del teatro Noh, del cual ya hablamos anteriormente, se centra no en los ideales, conceptos y moralidades, sino en las emociones y el romance.

A pesar de que se les suele confundir con frecuencia, el teatro kabuki no utiliza máscaras, sino que hace uso solo del maquillaje. Además, suelen carecer de un contexto místico o mitológico, dejando la parte de los dioses a un lado, a excepción de cuando es necesario.

 

¿Cómo surgió el teatro kabuki?

En la era Edo, con Japón aislado del resto del mundo, se fueron creando varios tipos de arte únicos de Japón, entre ellos, el teatro kabuki. En aquel entonces uno de los mejores medios de entretenimiento eran las famosas geishas y maikos (aprendices de geisha), siendo estás quienes representaban bellas danzas, música, e incluso pequeñas piezas de teatro en las reuniones y eventos.

Siendo un arte interpretado por geishas, con el paso de los años se fue perfeccionando y ampliándose cada vez más, al punto en que se comenzó a dar los primeros pasos del teatro kabuki. Se cree que una mujer llamada Okuni, que trabajaba en el templo Izumo Taisha fue la primera en tomar todas estas interpretaciones «sueltas», y presentar la primera obra de teatro kabuki.

Debido a que se generó en estas circunstancias, al principio este tipo de teatro era llevado a cabo únicamente por mujeres, mayormente geishas. Ellas convertían las pequeñas presentaciones a las que estaban acostumbradas, en grandes obras de teatro de mayor complejidad y duración.

Con el tiempo los hombres se fueron integrando al teatro, a medida que los papeles se extendían, y las historias tomaban mayor profundidad. Lamentablemente, por la prohibición del Shogun, las mujeres se retiraron de este arte que habían empezado, y fueron reemplazadas por hombres, durante cientos de años.

 

Su prohibición

Algo que suele ocurrir muy seguido en occidente, es confundir a las geishas (damas de compañía centradas en el arte y la filosofía), con las prostitutas, y como no hacerlo, si las segundas llevan siglos imitando a las primeras para así ser «de alto costo».

Este problema no es actual, sino que era común en Japón, incluso de aquella época Edo, que por la presencia y actitud de las prostitutas, las geishas tuvieran problemas en el oficio. En este caso, luego de la creación del teatro kabuki, muchas de estas mujeres comenzaron a hacer sus propias presentaciones, para aumentar el valor de sus servicios.

El segundo estilo de kabuki que se dio a causa de ellas pronto se hizo muy popular, llegando al punto en que el Shogun debió ponerle un freno, prohibiendo en 1629, que cualquier mujer pudiera actuar, impidiendo así que la «indecencia», manchara la «pureza» del arte. Lamentablemente, esta orden continuó durante siglos, y no fue sino hasta el siglo XX que por fin se les permitió reintegrarse.

Sin embargo, este no era el único problema. Durante siglos los hombres tuvieron el deber de reemplazar a las mujeres en sus papeles, adoptando la vestimenta, gestos, palabras, y movimientos femeninos, hasta convertirse en un ícono de la disciplina y dedicación.

Más que simplemente «actuar como mujeres», se convirtieron en la representación misma de la feminidad, colocando estándares de gracia y elegancia que, una vez que se les permitió a las mujeres incorporarse en el teatro, la mayoría no pudo superar a sus compañeros masculinos, sino hasta años más tarde. Aún con esto, hoy en día la gran mayoría de teatros siguen empleando hombres en los personajes femeninos, debido a las décadas, o siglos, que llevan perfeccionando más familias sus técnicas de actuación.

A estos hombres se les conoce como aragoto, que se refiere a aquel que «se comporta como mujer», o «finge ser mujer». Su trabajo, al ser un arte, se considera honorable, por lo que fue enseñado de padres a hijos durante cientos de generaciones.

Teatro kabuki

Los tipos de obras kabuki

En el teatro kabuki las obras se clasifican en tres tipos, según el tipo de historia, y cómo se representa.

 

Jidai-mono

Primero tenemos a las obras Jidai-mono, que abarcaban temas históricos. A pesar de ser está su cualidad más resaltante, en muchas ocasiones no se trataba de verdaderos temas antiguos, sino de temas contemporáneos, cuyas fechas eran alteradas, para evitar la censura y las represalias.

En este se podían encontrar temas heroicos, o trágicos, sobre guerras y la vida de los samuráis. Ocasionalmente, también se incluían algunas historias mitológicas, como el mito de la creación de Japón.

 

Sewa-mono

Estas eran las obras más actuales, que salían constantemente a la luz. Casi como si quisiera servir de una especie de «reportaje» antiguo, este se centraba en los grandes escándalos y dramas de la época.

Así mismo, servía como medio para hacer llegar noticias, sobre todo trágicas, cómo los asesinatos, suicidios y distintos conflictos. Muchas veces este mismo teatro ayudaba a sacar a la luz ciertos temas que se solían pasar por alto, como la vida en los distintos estratos sociales.

 

Shosagoto

Por último, el shosagoto es un estilo de danza, que cuenta una historia teatral por medio del movimiento. Este es el tipo de teatro kabuki más complicado, y que más dedicación requiere, puesto que cada movimiento está completamente perfeccionado y pensado para la obra.

 

El teatro más famoso

El teatro kabuki más famoso es el Kabukiza de Tokio, el cual existe desde 1889, y fue considerado como una propiedad cultural nacional en el año 2002.

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